El Siglo de las Etiquetas

El Siglo de las Etiquetas

El tiempo pasa, inevitable y afortunadamente, para todos.

Me aparto a un lado del camino, en silencio, para comprobar con cierto recelo que las historias, las buenas y las malas, serían siempre las mismas de no ser por el cambio de sus protagonistas, de sus modos, sus intenciones, sus palabras. ¿No me crees? Considera este ejemplo: mi abuela hace uso del teléfono, mi madre del móvil, mi hermana del Smartphone y a saber qué utilizará mi hijo para comunicarse con sus semejantes el día de mañana, eso contando con que las generaciones futuras no consideren una moda desfasada cualquier indicio de comunicación. La misma historia pero con distintos protagonistas, modos, intenciones y, sobre todo, palabras.

El tiempo pasa y lo compartimos con veinteañeros que se sienten los amos del mundo por tener dos mil "amigos" en Facebook o por ostentar el récord de RT en Twitter. Estrategias de mal mercado social que empujan a tener más, de lo que sea, sin importar la calidad. Followers, fans, in circles, seguidores. A decenas, centenas y hasta a unidades de millar. Da igual cómo se llamen, de dónde vengan o hacia dónde vayan, ni siquiera importa que no se preocupen lo más mínimo por nuestro último estado, solo interesa que sean muchos. He ojeado perfiles de orgullosos usuarios con mil ochocientos veinticuatro "tweets" de los que ni un uno por ciento de ellos contenía información relevante. Y lo curioso del asunto es que los seguimos con devoción, los "retweeteamos" sin mayor criterio que el encumbrarlos y hasta admiramos cómo luce su propietario un estrafalario sombrero en la foto de su perfil o cómo tira un beso al aire su propietaria. Los seguimos en rebaño mientras convertimos nuestra lengua en una extraña sucesión de sonidos que nos alejan de la auténtica comunicación. "Tweet. Tweet. Tweet". El lenguaje de los nuevos robots en cadena. ¡Abajo las letras, arriba los caracteres! Triste pero cierto. 

El tiempo pasa y estrenamos un nuevo siglo que se perpetuará en los anales de la historia como el "Siglo de las Etiquetas". El que escribe se considera escritor. El filólogo es ahora corrector literario. La mercadotecnia domina la cultura 2.0. El periodista habla de intrusismo. El informático es desarollador de "apps". Y yo, aquí, en el mismo lugar de siempre, empapelo felizmente mi casa con los méritos de mi currículo en este país de inmigrantes y emigrados. ¿Qué nos está ocurriendo? Sin apenas darnos cuenta hemos cambiado las caricias por un "me gusta", los besos por un emoticono, los "te quiero"... los verdaderos "te quiero" han dejado de existir en un mundo virtual en el que nadie desea parecer vulnerable.

El tiempo pasa y, en mi caso (que puede ser también el tuyo), dejan de importarme las cosas que no importan. Observo lo que me rodea con detenimiento y decido separarme del redil abandonándome al exhibicionismo más bello, el de la palabra desnuda. Sin florituras. Sin ademanes exagerados. Sin entonar el mea culpa. Sin escuchar un coro de voces celestiales que repitan los finales convirtiéndolos solo en un sutil eco. Sin exhibir mi vida en un cartel publicitario de uso común. ¡Qué más da caminar a distinto ritmo si a todos nos espera la misma línea de meta! Descanso cuando estoy cansada, aguzo los sentidos cuando me siento curiosa, escucho siempre que hay algo que decir y tengo cada día presente que una semana, queramos o no, son siempre siete días. No necesito cantidad, solo ansío calidad. Calidad y no echar de menos.

El tiempo pasa, inevitable y afortunadamente, para todos... aunque no de la misma manera.

 

<<Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de perdidos, desconectados>>.

Albert Einstein

 

Imagen: Despierta tu mejor tú / María José Barquero.

 

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Comentarios

Una situación preocupante y paradójica, que ciertos tipos de comunicación conduzcan a la incomunicación. Una incoherencia más de la sociedad en la que vivimos. Hay algún remedio posible??

Sí que hay remedio, Teresa. En realidad, hay tantos remedios como mentes inquietas capaces de generarlos, aunque para mí el más importante es “educar en la comunicación”, tanto en la real como en la virtual. Y, puesto que no existe límite de edad para aprender, estoy convencida de que esta no es una misión imposible.

Quizás aún somos muy poco conscientes de todas las cosas que se pueden saber de una persona a través de su facebook, de sus comentarios, de sus contenidos, etc. Existe un indice de imprudencia en los usuarios alarmante. Usuarios que cuentan cuándo entran y salen de casa, cuelgan fotografías que sonrojarían a más de uno, emiten comentarios imprudentes sobre las reuniones de trabajo olvidando el carácter confidencial que poseen y el riesgo que asumen si estos extremos llegaran a la dirección. En fin, es como si de alguna manera hubiésemos perdido el sentido común y la prudencia creyendo que lo manifestado carece de importancia. Interesante reflexión, Silvia.

Sí es verdad, hay algo de temeridad en nuestras actitudes, una especie de necesidad imperiosa de exhibicionismo!!

Conozco un caso de un familiar de un amigo que le costó el puesto de trabajo. Puso a su jefe a caer de un burro en un comentario que colgó en su facebook y el jefe se entero porque otro compañero le mostró el comentario al día siguiente. A las tres semanas le comunicaron al autor del comentario que no le renovarían el contrato ¿casualidad? Yo creo que no.

También a más de una le ha costado el matrimonio o la relación sentimental. La imprudencia de la que habla Antonio en su comentario. Excelente post, Silvia.

La comodidad del mínimo esfuerzo, ya que hoy en día lo tenemos todo a tiro vía internet, la necesidad de no estar solo o simplemente la sensación de estar acompañados vía redes sociales, el exceso de información al cual tenemos acceso y que absorbemos muchas veces sin seguir criterio alguno nos arrastra a una pérdida total de conciencia dejando pasar el tiempo sin llegar a lograr nada concreto más que a una sensación de vacío, soledad y frustración.
Esta claro que hay que educarse para no ser victima del abuso tecnológico. Hay que aprender el uso responsable de las nuevas tecnologías, que por el contrario usadas de manera responsable son un avance excepcional.
El abuso conlleva siempre a un mal uso y por ello pienso que hoy en día tanto padres como las instituciones educativas deberían dedicar tiempo a educar a los niños, que son nuestro futuro, desde edades tempranas las buenas prácticas del buen uso y a explicar los peligros de su abuso...

A mi juicio y así lo he venido expresando desde hace algún tiempo, internet y las redes sociales que en el mismo espacio surgen y proliferan, no podría escapar, para mí, a la dualidad que existe en todas las cosas existentes en el mundo, en el sentido de que tiene, también, sus luces y sus sombras o sus tinieblas, más bien.
Pienso que, a pesar de que internet tiene, ciertamente, muchos aspectos positivos en el sentido de que ha supuesto que permanezcamos en inmediato y permanente contacto con nuestros seres queridos sin importar la distancia. Asimismo, ha facilitado enormemente la conexión de personas distantes sobremanera y ha ampliado grandemente la comunicación entre seres humanos. Todo ello es, para mí y para tantas otras personas, pienso, magnífico y enriquecedor.
No obstante, al mismo tiempo, se podría decir que, en general, las relaciones personales que nacen de las redes sociales o de otros medios cibernéticos, es altamente superficial, alarmantemente falsa, mayoritariamente hueca y hay muchas dosis de farsa, de engaño, creo.
Lo que a mí me inquieta, me llama poderosamente la atención, me sorprende y me causa cierto estupor es el hecho de que, al parecer, haya personas que cultiven y prefieran estas, para mí, pseudorelaciones humanas cibernéticas, en detrimento de una relación humana personal, tradicional, esto es, cara a cara, con contacto físico, con sinceridad, honestidad, con un cruce verbal agradable, calidez emocional y sentimental con otro ser humano. Ello estriba, para mí, en la misma superficialidad existente, en la ligereza de las relaciones interpersonales que late en la imperante falta de deseo de compromiso profundo y un predominante culto al vacio, al ego, a la apariencia, a la nada que, en mi opinión, existe en la actualidad, en cierta manera. Podría decirse que es el consumismo que ha invadido las relaciones humanas, consumimos sentimientos, también, a las personas ... Y, sin olvidar, el sempiterno juego de las apariencias ... Además, para mí, es muy fácil no decir nada pretendiendo decir algo y es harto sencillo engañar a la gente con artimañas y falseamientos, si se trata de almas solitarias ... También, según parece, es llamativo que la gente confia a perfectos desconocidos con los que coinciden orbitando en el planeta internet, pensamientos, ideas, sueños, opiniones que no se expresarían a la gente más allegada o amigos y la prontitud con lo que se hace es impresionante, similar al frenesí con el que se vive ... Por otra parte, todos hemos escuchado relatos, experiencias y vivencias de personas que han experimentado en el ciberespacio. En ocasiones, son desdichadas, peligrosas, incluso terroríficas por el hecho de que haya, desafortunadamente, muertes y desapariciones involucradas ... y no son leyendas urbanas, me temo ...
Muchas gracias, Silvia, por tu interesante post, extensivas a Enrique y a todo el equipo. Encantada de hallarte. Un abrazo para tod@s.

Un abrazo, Ver. Gracias a todos por vuestra participación.

Bienvenida, Ver. He leído y releído tu comentario para no dejar escapar ni un solo detalle. Coincido contigo en la mayoría de tus planteamientos, sobre todo en lo concerniente a los peligros reales que supone el uso inadecuado de las redes sociales, aunque no debemos olvidar que Internet es solo un medio más o menos adecuado dependiendo del uso que nosotros mismos le demos, es decir, que gente falsa, malsana y mentirosa la podemos encontrar hasta en la puerta de al lado. Si me lo permites, solo reseñar que, gracias a los medios sociales, muchas personas están saliendo del cascarón bajo el que permanecían recluidas. Es cierto que han convertido las pantallas de sus ordenadores en artificiales ventanas por las que ver el exterior, pero igual es que no han tenido otra opción o es esta la única en la que se sienten cómodos. Igual antes recurrían a un sacerdote escondido tras la celosía de su impersonal confesionario o a un especialista que subsiste a golpe de talonario. La historia siempre es la misma, solo cambian los protagonistas, los modos, las intenciones y, sobre todo, las palabras.
Gracias a ti, Ver, por tu sincera exposición. Encantada de que me hayas hallado. El mismo abrazo para ti.

Silvia, quiero expresarte, en primer lugar, mi enorme agradecimiento a tus atentas palabras respecto a mi opinión. Es muy amable por tu parte.
Siempre he sido, por naturaleza, bastante extrovertida y por ello, tengo una gran facilidad y disposición para comunicarme entre todo tipo de personas que se cruzan en mi vida, sean niños, adultos o personas de edad. Y siento una gran deleite en ello. Es por esa razón por la que ayer expuse mi opinión positiva de internet y redes sociales ya que, a mi modo de ver, y así lo plasmé, han ampliado grandemente la comunicación entre seres humanos. En ese aspecto, creo, son excelentes y edificantes, sin importar el tipo de comunicación humana que se trate y cumplen una relevante función interpersonal, podría decirse.
Por otro lado y como no podría ser de otra manera, internet sólo es un microcosmos cibernético, compuesto por seres humanos y es, por ello, una muestra más de todas las virtudes y vicios que las personas poseemos, a mi modo de ver, cual fauna y flora cibernética ...
No obstante, Silvia, creo que convendrás conmigo en que, en este caso que nos ocupa, la falsedad, la mentira y la farsa, en internet se hallan más velados, escudados y ocultos tras la opacidad del anonimato. Para empezar, tal vez, no vemos el rostro de la persona con quien nos estamos comunicando y por ello, pienso, podría tratarse internet de un caldo de cultivo para personas con fines espurios. Podría decir, pienso, que cuando conocemos una persona físicamente, podemos observar su mirada, sus gestos, su sonrisa, su lenguaje corporal, percibimos su voz ... Ahora bien, igualmente se nos puede engañar o embaucar, embarullar, confundir o mentir. Pero es sólo mi opinión ...
Te reitero mi agradecimiento, Silvia, extensivo a Enrique y a todo el equipo. Un abrazo.

Lo cierto es que no podría estar más de acuerdo con vuestras aportaciones. Habéis explicado y ejemplificado de forma clara un problema social con el que convivimos a diario y del que, por pura conveniencia, no somos del todo conscientes. Al respecto, Antonio hace un interesante apunte: “Existe un índice de imprudencia en los usuarios alarmante”. Tiene toda la razón, las redes sociales nos han vuelto temerarios e insensatos (no hay más que leer lo que nos cuenta Andrés). Han sacado, como escribe Amparo, nuestro lado más exhibicionista, visual y textual. Hemos perdido el pudor, algunos hasta la vergüenza. Nos hemos acomodado tanto a una vida de ficción que hasta las revueltas las hacemos desde el sofá. Pasear los dedos por el teclado nos resulta ya más estimulante que el café. Si, como bien subraya María, la tecnología bien aplicada es el camino obligado que han de seguir nuestros pequeños, deberíamos dar ejemplo de cordura utilizando los medios de los que disponemos de forma responsable y adulta.
Gracias por vuestro tiempo… ese que pasa, inevitable y afortunadamente, para todos.

Si nos paramos a pensar en todo lo que habéis dicho, podemos darnos cuenta de que vivimos en un tiempo en el que nos protegemos en exceso en nuestra vida cotidiana por ejemplo: No abrimos la puerta a un desconocido y si alguien se acerca para preguntarnos por una calle le miramos con recelo y no digamos si es de otra raza o color quien se dirige a nosotros. Apenas saludamos a nuestros vecinos o ni siquiera sabemos quien vive en nuestro edificio. Desconfiamos de todo lo desconocido pero entramos en el ordenador y parece que todos esos miedos desaparecen, nos convertimos en otra persona, protegidos quizás, por encontrarnos en nuestras casas, con la puerta cerrada pero “amig@”existen depredadores que se cuelan por nuestras pantallas y si eres una persona vulnerable, depresiva o simplemente un día malo en el que hayas tenido una discusión con tu jefe, marido, hijos etc… Ahí están para escucharte pero esa escucha te puede costar muy cara.
Todas las advertencias son pocas y no solamente a jóvenes, también a adultos que se vuelven como niños exhibiendo sus vidas y sus fotos más intimas en redes sociales.
Espero que la cordura nos acompañe y hagamos un buen uso de estos medios, que sean forjadores de una buena relación humana pero nunca suplantarla.
Nada mejor que ver los ojos de tu interlocutor mientras mantienes una conversación, pueden mentirte pero es mucho más complicado y una mano amiga que te coja cuando estas preocupado y ese abrazo reparador de un ser querido…uh! De verdad, no tiene comparación.
Ahora la decisión es vuestra y el camino también siempre siguiendo unas reglas de sensatez.
Estupendo post Silvia ya estás viendo como nos hace pensar y reflexionar, sigue así.
Un abrazo y también para todos los que habéis participado. ¡Gracias!

Las redes sociales, la telefonía móvil y la tecnología en general han contribuido a que de manera extraordinaria podamos comunicarnos a cientos o miles de kilómetros. La oportunidad que tienen unos padres españoles de charlar a través de videoconferencia (por Skype, sin ir más lejos) con su hija que se encuentra estudiando (o trabajando) en Berlín; los hijos que casi todas las noches intercambian impresiones con su padre que fue trasladado por la empresa a una refinería en Argelia; los abuelos que pueden saludar y ver a sus nietos por la pantalla del ordenador, porque la crisis económica irremediablemente ha obligado a familias enteras a buscar un puesto de trabajo más allá de las fronteras de su país... Podríamos citar muchos más ejemplos de similares características donde las redes sociales y la tecnología han facilitado a las personas oportunidades increíbles (impensables) de comunicación. Sin embargo, el uso irresponsable de estas fantásticas herramientas virtuales están acarreando más de un disgusto a otras tantas personas... ¿Razones? De un lado, la imprudencia y el desconocimiento. De otro, la mala fe y la delincuencia virtual, que es tan real como la de la vida corriente... Por lo tanto, como en otras áreas de la vida, el uso de las redes sociales conllevaría de un "aprendizaje", de una previa información de lo que tenemos entre manos. Y en estos casos la educación y la formación son requisitos indispensables. "Aprender" es y seguirá siendo una palabra clave en la existencia de las personas. El mal uso, o en su defecto, el uso incorrecto puede desembocar en problemas muy serios. Problemas, que no son problemas "virtuales", sino problemas "reales". En definitiva y expresado en clave coloquial: "si no tenemos conciencia de los peligros, tampoco podremos tener conciencia de los remedios". Ciencia y tecnología avanzan a un ritmo trepidante que nos impiden a priori reflexionar sobre sus consecuencias, pero no hay que olvidar que, ambas, están al servicio de la humanidad, a pesar de su ambivalencia. Así pues, toca leernos atentamente el prospecto por aquello de las contraindicaciones, no vaya a ser que lo que estaba destinado a curarnos, nos acabe (en el mejor de los casos) por intoxicar... Un saludo

Estoy de acuerdo contigo Enrique hay que educar y ya en muchos colegios se imparte como asignatura el uso de ordenadores tanto técnicamente como de redes sociales.
Más de un chic@ ha tenido un disgusto con su facebook, twenty, o twiter y no hablemos de los acosos entre compañeros y la pederastia que se ha establecido en estas redes.
Para los que ya hemos llegado tarde a esta asignatura solo les pido que os hagáis una pregunta: ¿Esto es lo que quiero realmente que vean de mí? Nadie como nosotros sabe lo que nos gusta ver o no. Crea algo positivo que te beneficie y te ayude a cumplir tus metas, ya que muchas empresas recurren a estos perfiles, antes de contratar a sus empleados. Por lo tanto seamos conscientes del arma que tenemos entre las manos.

Nada es bueno ni malo, intrínsecamente hablando (lo digo por tu alusión al vocablo "arma", Esther). Lo que tenemos entre las manos (las redes sociales) es una herramienta que hemos de utilizarla de manera positiva, sacándole el mayor partido posible . Nada más... ni tampoco, menos. Un abrazo.

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