No hay mejor remedio que algo nos cuestione

Psicóloga Gabriela Borraccetti Despierta tu mejor tú

Soy Gabriela Borraccetti, Argentina, nacida hace 49 años y recientemente casada por primera vez en junio de este año 2014. Viví 46 años en Buenos Aires y por amor me mudé a Tucumán, a unos 1.400 km de donde nací para empezar un nuevo capítulo y experimentar construir un hogar de a dos. Me mudé con lo que no podía dejar bajo ningún punto de vista atrás, y por eso viajamos mi perra, mi gato, la ropa, una aspiradora, un equipo de música y libros.  Ahora tengo un hogar, amigos entrañables, soy madrastra, abuelastra de una bebé de meses que se llama Amparo y he podido participar de un programa de TV que me valió que algunos me conozcan por mi apellido y eso me gusta. 

Soy licenciada en Psicología, luego estudié astrología y hoy soy psicoastróloga, la fusión de estas dos vocaciones que me han apasionado. 
 
 
Enrique: Qué ha significado y significa en tu vida la psicología, Gabriela. 
 
Gabriela: La psicología fue la puerta que me dejó canalizar algo que, por exceso, podría haber sido un defecto. La sensibilidad a todo lo que fuera del empuje de una brisa y del grosor de un cabello podía resonar en mí como amplificado. Pensé que era una maldición vivir sin piel frente al alcohol de tanta receptividad, pero con el tiempo me di cuenta de que mi vulnerabilidad era en realidad mi mejor don. No obstante, algunas veces tenemos que pasar por algún tramo duro del camino para darnos cuenta que los dones no están tan ocultos como mal considerados.  
 
 
E.: En tu opinión, Gabriela, ¿en qué punto evolutivo se encuentra y hacia dónde se encamina la psicología como ciencia?
 
G.: Se encamina hacia el mismo lado que se encamina la sociedad. La psicología, al ser una ciencia del hombre para el hombre, va tomando de él tanto sus nuevos defectos como sus nuevas virtudes, y para ejemplificar lo primero, baste decir con que vivimos en una cultura exprés, rápida, fast, light, queeck y todo lo que  desees agregar, en la que los tratamientos se acortan, se hacen más superficiales y se tornan más bien una cuestión de consejo que una exploración a fondo del alma, habiendo caído la psicología profunda en un saco que muchas veces se llama demodé, como si la existencia junto con nuestro costado oscuro e inconsciente fuesen una cuestión de moda. Por otra parte, y como aún existen personas que no pueden soportar la “levedad del ser”, hay un gran porcentaje de adherentes y propulsores de las nuevas corrientes transpersonales que conciben al hombre como parte de un todo abarcador y universal, y cuyo crecimiento se produce gracias a tomar consciencia de que ser un individuo consciente obliga a ir más allá de la propia historia personal.  En medio de ambos extremos existe un abanico de posibilidades que siguen estando allí para quien quiera explorarlas como camino de autodescubrimiento. 
 
En lo personal, he partido de la psicología profunda para contactar con la astrología, cuyo conocimiento ancestral abre una guía hacia los recovecos ocultos del alma; y si bien, para algunos puede sonar tan raro como me sonó a mi al principio de este viaje, es necesario pasar por la experiencia para darnos cuenta de que la mitología, las deidades olímpicas y los lenguajes simbólicos, en general, son una regia llave de acceso a nuestro Sí Mismo Superior. Ya sea que hablemos de Marte o de agresividad, de aislamiento o de Saturno, de amor o de Venus, de mente o Mercurio, de víctimas o victimarios o Neptuno, etc., estamos mencionando a los mismos impulsos vitales de una manera original y diferente aunque pensemos que es algo muy emparentado con las supersticiones. Las ilusiones, las esperanzas, los complejos, el brillo personal, las fuente de los obstáculos, las vías de crecimiento consciente, y la complejidad de nuestro ser, están reflejados en ese círculo en donde los viejos dioses, los mitos que habitamos abren paso a aquel que busca “conocerse a sí mismo”. La interpretación de ese momento celeste en el que venimos al mundo no es más que la puerta de entrada a nuestro propio templo, puesto que para recorrer sus pasillos ocultos se hará preciso de algunas técnicas que se adquieren únicamente de la mano de la psicología. Es en ese punto donde ambas se complementan y estoy agradecida por haber podido vencer serios prejuicios a la hora de incorporar este nuevo conocimiento. De este encuentro entre la ciencia del alma y el arte astrológico saqué una importante conclusión: aquello que viene fuertemente descalificado por la ciencia o la religión es digno de ser conocido. 
 
E.: Entonces, Gabriela, ¿la astrología puede ayudarnos a “sanar”? O quizás, ¿se podría pensar que nos ofrece la oportunidad de escudriñar nuestro destino?
 
G.: Puede funcionar como puerta de entrada a una cura, como guía y como brújula.  Suele ser muy frecuente que al recibir la devolución de la lectura de su Carta Natal una persona quede totalmente impresionada y parada inexorablemente frente a muchos de sus conflictos más importantes, y eso, en una cantidad de casos, lleva a luego acudir a tratamiento psi.  Una vez que se abrieron los ojos aunque sea unos minutos, no es posible volver atrás salvo que no tengamos ninguna intención de hacernos cargo de quienes somos y sigamos echando la culpa al “afuera”, a la vida, a los padres, a los hijos, al mundo, al pasado, a la mala suerte, o al mismo destino, sin saber que nuestro carácter es el que nos predestina: ¿Quién podría negar que un temperamento intempestivo, apurado, agresivo e impaciente no correría el riesgo de tener un accidente? Sin embargo, para develarlo hay que volver a leer la frase tallada en el fronte del templo de Apolo (el Sol): “Conócete a ti mismo”.  Hacerlo abre las puertas al libre albedrío, ya que no nos podemos llamar libres mientras estemos atados al desconocimiento de nuestras luces y nuestras sombras creyendo que lo que vivimos es ajeno a lo que somos. Mientras más nos desconozcamos más fácil proyectaremos al exterior las causas de nuestras circunstancias, y es ahí cuando vivimos la palabra “destino” como si fuera algo ajeno y nefasto. 
 
Por lo demás, usted y yo, nos vamos a morir algún día, ¿no es eso estar predestinado? ¿no es eso parte de nuestra naturaleza? Sin embargo, jamás en la partida de defunción llegaremos a leer “murió por causa natural”, “por vejez”, etc. Tapamos esa naturaleza con un nombre, con una etiqueta clínica de “paro cardiorrespiratorio” en un intento de negar que un día no vamos a habitar más este cuerpo ni este mundo. Tememos al destino cuando tememos a las fuerzas que nos pertenecen y nos constituyen, sin aceptar que, como parte de las mismas, se encuentran también la oscuridad y la muerte, haciendo un gran trabajo defensivo para negar y tapar su existencia con los remedios exprés que mencioné más arriba. No obstante, la única llave a la libertad es ser creativos con lo que se nos ha dado, y eso implica dar la bienvenida a nuestro costado luminoso; pero, también, a nuestro fondo oscuro.  
 
 
E.: Desde hace años, proliferan los gurús que prometen cambios sorprendentes en tiempo récord. Un mercado de cursos o cursillos que devienen, a modo de varita mágica, en la solución o superación de casi todos nuestros problemas o conflictos en un abrir y cerrar de ojos. ¿Así de sencillo? ¿Sin prácticamente mediar esfuerzo alguno pasamos del sufrimiento a sentirnos bien, felices con nuestras vidas y con nosotros mismos? “Algo” no me cuadra en todo esto, ¿y a ti, Gabriela?
 
G.: ¡Menos mal! Es un placer tenerte en la lista de quienes desconfían de semejantes promesas. Es cierto que está abarrotado de personas que creen haberse convertido en consultores serios con solo haber dedicado unos cuatrimestres, o unos pocos años a algún curso de iluminación instantánea, lo cual es lisa y llanamente un insulto a nuestra complejidad y a la delicada tarea de abrir pétalo por pétalo la flor del alma. No obstante, si existe tal estado de cosas, es porque también existe una demanda que lo sostiene. La característica común entre estos “maestros” y la gente que los consume es la predilección por el “llame ya”; ambos poseen el mismo perfil egoico y consumidor de altas dosis de palabras espirituales, gustando de aconsejar a los demás o saliendo a lucir sus recientes y superfluos “conocimientos” con aire doctoral para sentir que están por encima del promedio de la humanidad. Lo que desconocen que son ellos los que conforman la cifra promedio. 
 
Demás está decir que para quien porta este ego inflado, basta con evitar la palabra YO para no ser lo mismo que tanto critican, pero son las reglas del juego y cada uno encuentra al maestro que necesita.  En cambio, aquel que intuye que lo que le sucede tiene que ver consigo, no irá a abrevar en las fuentes de los terapeutas fast vendedores de golosinas para el alma, sino que buscará a quien lo lleve a atravesar el difícil camino de volverse consciente. La consciencia siempre e indefectiblemente duele, te arranca lágrimas, te desilusiona y pincha el globo de tu narcisismo al punto de dejarte sentir que no eres lo que pensabas, sino lo que desconocías de ti mismo. El camino hacia el propio despertar no tiene más síntoma que la angustia que se siente al tener que someter una parte nuestra a la destrucción, y nadie lo pasa bien cuando apoyado en la propia voluntad, se decide a extirparse las defensas, las excusas, los mandatos y todo lo que constituye y conforma al ego o máscara. Esa es la definición de iluminarse, y por lo que puede olfatearse se encuentra en las antípodas de los adornos espirituales que hoy son de consumo masivo como los medicamentos de moda. 
 
 
E.: Existe otro vocablo que nos trae de cabeza a todos: La felicidad. Nadie se pone de acuerdo en su definición y dependiendo de la perspectiva desde donde se mire adquiere tonalidades distintas. Por ello quisiera preguntarte, Gabriela, ¿puede ser la felicidad un estado permanente?  
 
G.: Sí y no, y esto depende de la definición de lo que es ser feliz. Si suponemos que alcanzar ese estado radica en un constante sentimiento de explosión de fuegos artificiales de colores y el revoloteo de mariposas en el corazón y el estómago, estamos mal. Pero si tomamos el camino que le saca los grilletes al alma, es decir, el de la consciencia creativa, es mucho más factible decir que existe un estado de felicidad inconmovible, que subyace aún en el momento más doloroso otorgando sentido para seguir viviendo. Casos como los de Beethoven y Mozart nos sirven para saber que se puede encontrar un sentido y un para qué aún en medio de las contingencias.
 
 
E.: Hay personas que escriben indistintamente “conciencia y consciencia” pensado que su significado es el mismo. ¿Nos aclaras ambos conceptos, Gabriela?
 
G.: Conciencia se utiliza mayormente para distinguir cuestiones morales, acerca del bien y del mal: “me remuerde la conciencia por haber mentido”. Y consciencia (con sc), es mayormente utilizado para lo relativo al conocimiento: “tengo consciencia de tener un lado oscuro”. 
 
En ambos casos cuando se utilizan como sustantivos, se puede usar CONCIENCIA indistintamente. No obstante, cuando se usa la forma adjetivada, solo es correcto decir consciente o inconsciente (con sc): “Fulano es un inconsciente de sus errores”. 
 
 
E.: En un porcentaje considerable de casos se recurre a la psicoterapia cuando nos encontramos al límite de nuestras fuerzas. A la hora de iniciar una psicoterapia, Gabriela, qué temores o reticencias has observado en las personas. 
 
G.: Es que es natural que lleguemos a golpear la puerta de un psicólogo cuando ya no podemos manejar el quantum de angustia. Nadie llega a la consulta si no es desbordado por un sentimiento de padecimiento que el ego ahora es incapaz de dominar. Mientras existan vías para seguir reprimiendo impulsos, ignorando deseos, negando nuestra esencia, el ego no se dará por vencido y resistirá su aniquilación. Es la instancia que vive evitando el conflicto con el mundo externo para no recibir el rechazo externo. No obstante, cuando la frustración y negación del Sí Mismo hayan superado el límite de lo soportable, y algo sumamente esencial comience e encolerizarse reclamando su lugar en la vida, comenzamos a vivir una crisis de identidad que nos lleva a buscar una salida de la oscuridad y el dolor al que hemos sometido las partes más sinceras de nuestro ser. Suele suceder que solo allí, cuando nos sentimos verdaderamente “enterrados”, hagamos algo por renacer. Mientras tanto, vivimos cómodamente en el sillón de nuestro ego, ese que todos negamos tener. 
 
 
E.: Cinco cuestiones muy breves y una sola condición..., que no pienses mucho la respuesta: 
 
Una manía...
 
G.: Cambiar varias veces los puntos y las comas de lugar. Eso hace que encuentres más de un significado a una misma frase.
 
E.: Una frustración...
 
G.: No saber contar chistes.
 
E.: Una película...
 
G.: "Cinema Paradiso" de Guiseppe Tornatore. 
 
E.: Un libro...
 
G.: “El Profeta” de K. Gibrán.
 
E.: Un hito histórico...
 
G.: La caída del muro de Berlín. 
 
 
E.: Gracias por tu honestidad y generosidad para con el proyecto “Despierta tu mejor tú”. Tus palabras, Gabriela, no dejan indiferente y estoy convencido de que nuestros lectores lo sabrán valorar y agradecer. Te deseamos todo el equipo del proyecto todos los éxitos posibles personales y profesionales.
 
G.: Si hay algo que para mí es un premio es no dejar indiferente a quien lea algo que he escrito. Considero que no hay mejor remedio que algo nos cuestione e incluso nos pellizque, -aunque duela-, porque ese puede ser el punto de inicio de una nueva búsqueda y una nueva realización. Palmear los hombros es para dar consuelo, en cambio lejos de consolar y dormir, intento despertar, obviamente, incluyéndome. 
 
Por último, gracias por considerarme un 'despertador', puesto que has elegido buscar entre la multitud a quienes fueron capaces de transmitir, abrirse y contar su experiencia para contagiar a otros a sacudirse la inercia. 
 
 
Epílogo
 
"La lectura de este libro defraudará a quien espere fáciles enseñanzas en el arte de amar", así da comienzo el prefacio del libro de Erich Fromm, "El Arte de Amar". Prosigue el autor diciendo: "Pero la dificultad de la empresa no debe inducir a que se abstenga uno a tratar de conocer las dificultades y las condiciones de su consecución". Como el arte de amar, es el arte de SER PERSONA. Un camino de autodescubrimiento no se consigue en un pispás o en un fin de semana, aunque ello no pueda suponer una chispa que prenda un primer paso hacia ese comienzo.
 
Nada que merezca la pena -hoy por hoy-, se alcanza sin esfuerzo y conocimiento, no nos engañemos. Quizás en un futuro, los avances científicos y tecnológicos, nos proporcionen una pastillita que, automáticamente, a la media hora de surgir efecto, tengamos a nuestro alcance el poder hablar cualquier idioma del planeta: inglés, si la pastillita en cuestión es de color azul; en cambio si es roja, chino. Y más de lo mismo con la pastillita amarillo solar del autodescubrimiento. Sin embargo, hasta que ese día y hora llegué, el autodescubrimiento, requiere recorrer un camino que suele tomarnos casi... toda una vida. No existen atajos.
 
 
<<Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas>>.
 
Paracelso (1493-1541)
Médico, astrólogo y alquimista.
 
 
Imagen: Despierta tu mejor tú / Gabriela Borraccetti.
 
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Comentarios

bueno, que linda entrevista!!! me emocioné ya que valoro a quienes le ponen a todo pasión, amor y entrega al servicio de todos!
felicitaciones!!!

Gracias, Claudia. Saludos.

Excelente entrevista, muy instructiva, Enrique. Un abrazo.

Gracias, Antonio, espero que hayas tenido unos agradables días de descanso. Otro abrazo para ti.

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