Siete Almas
Siete Almas
Director: 
Gabrielle Muccino
Reparto: 
Will Smith, Rosario Dawson, Woody Harrelson, Michael Ealy, Barry Pepper, Elpidia Carrillo,
Robinne Lee, Joe Nuñez, Bill Smitrovich y Tim Kekkher

Sinopsis

Ben Thomas (Will Smith) es un hombre atormentado por los remordimientos de un error grave e irreversible que cometió en el pasado. Un día decide suplantar la identidad profesional de su hermano (empleado del fisco americano), lanzándose en un proyecto para tranformar la vida de siete personas desconocidas que sólo tienen en común una circunstancia: ¡necesitan ayuda desesperadamente! Ninguno de ellos sabe que han sido elegidos por Ben Thomas para formar parte de su plan. Sin embargo es Emily (Rosario Dawson), una joven paciente cardiaca, quien hará tambalear sus planes, y acercándose a Ben desmantelará su visión del mundo...

Imagen: propietarios productora Colombia Pictures, Escape Artists, Overbrook Entertainment y Relativity Media.

Merece que la veas por...

Cuando desde el fondo de nuestro corazón sabemos que hemos obrado incorrectamente -mal-, deliberada o de manera inconsciente... no podremos huir, porque no hayaremos un lugar donde refugiarnos, ni existirá un espacio donde escondernos. Y, si hemos ocasionado un dolor moral o físico -incluso ambos al mismo tiempo-, no existirá remedio alguno que nos haga encontrar la paz en nuestra alma hasta que no redimensionemos el desequilibrio causado. "Siete Almas" va de eso: "de restaurar el equilibrio". No de mortificarnos con la culpa o el remordimiento, que dicho sea de paso... no resuelve nada, ni restaura nada, ni nos ayuda en na-da... 

Quizás, el protagonista decide un plan de redención (de sí mismo) que nos puede parecer -a priori- una locura: compensar a siete almas, aportándoles "algo" valioso e indispensable para continuar con sus vidas. Al mismo número de almas a las que un acto irresponsable les privó de su vida, diseminando el dolor por la perdida a sus seres queridos (padres, hermanos, hijos, etc.)

Creo que a ninguno de nosotros nos gustaría encontrarnos en la tesitura de Ben Thomas... ni en la de nadie que se le asemeje. Pero, ¿y si empezamos por restaurar las pequeñas acciones incorrectas que realizamos al cabo del día...?

Recuerdo una mañana que salí enojado de una reunión, pensé que había perdido el tiempo, que podía haber empleado la mañana en otra cosa más productiva... Arranqué el coche y me dirigí a mi despacho. Mientras transitaba por una arteria principal de Madrid eché una leve mirada al espejo retrovisor y realicé un rápido adelantamiento para situarme en el carril de la izquierda donde, a unos 150 metros, me esperaba un semáforo en rojo. Un motorista paró a mi izquierda y me empezó a increpar golpeando con su mano derecha el techo de mi coche... Bajé la ventanilla y con las palmas de mis manos visibles a sus ojos, le pregunté: "¿Qué ha pasado?", a lo que respondió con sus ojos fuera de las órbitas: "¡Serás cabrón! ¡Me podías haber arrollado! ¿Es que no me has visto?" "Pues no, te doy mi palabra; lo siento de verdad, pero no te he visto", contesté mirándole a los ojos. Acto seguido, saqué una tarjeta de visita de mi cartera y le dijé: "Llamamé, te invito a un café a la hora y en el lugar donde tú me digas". El semáforo se puso en verde, el motorista refunfuñando cogió mi tarjeta y ambos reanudamos la marcha, no sin antes recibir los bocinazos de los conductores que se encontraban detrás esperando...  

A las dos semanas de lo sucedido recibí una llamada: "¡Sí, dígame!", exclamé. "Soy Alberto, el motorista que a punto estuviste de arrollar con tu coche en el Paseo de la Castellana". "¡Hombre, Alberto, aún recuerdo el incidente!", contesté. "Verás, me ha surgido un problema con mi hijo y no conozco a nadie que me pueda ayudar. Esta mañana al coger la moto para ir a trabajar se me ha caido tu tarjeta del bolsillo de la cazadora y... y he pensado en llamarte, ¿te molesta?", añadió. "No, no me molesta Alberto, además te debo un café. Díme dónde y a qué hora te viene bien que nos veamos, tomamos café y me cuentas".

Después del café prometido, relatarme el tema que le preocupaba de su hijo e indicarle alguna estrategia sobre cómo resolver el problema, me dijo: "Gracias Enrique. Por favor, dime cuánto te debo por tu asesoramiento". "Nada, no me debes nada Alberto: estamos en paz".

No hemos vuelto a vernos desde aquel día. Pero, yo aprendí a tener más consideranción con los motoristas y a tomar conciencia de que he de tranquilizarme si estoy alterado, cuando me siento al volante...

Tráiler de "Siete Almas"

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Comentarios

Preciosa película, imposible salir indiferente de la sala al terminar de verla.

Me llamó la atención el título original "Seven pounds", siete libras que es la suma los pesos de corazón, parte de hígado, bofe, riñón, córnea, médula, y sobre todo, el alma, que según uno de los experimentos sin respaldo de la comunidad ciéntifica del Dr. Duncan MacDougall pesa 21 gramos.

Gracias por tu comentario, Alicia. Ahora sabemos un poco más sobre la película...

Solo el que tiene conciencia moral es capaz de plantearse las consecuencias positivas o negativas de sus actos y, por tanto, convive con el sentimiento de culpa. Quien considera que los valores tradicionales se reducen a un par de conceptos trasnochados o, simplemente, a unos modos de comportamiento caducos, viven expuestos a una peligrosa arma de doble filo social: Los logros son méritos propios mientras que las desdichas siempre las causan los demás. Lástima que la balanza se incline siempre hacia el lado equivocado.

Una reflexión certera, Silvia. No obstante, el sentimiento de culpa sólo cumple su función cuando nos 'moviliza' a restaurar el mal (dolor) causado, como consecuencia de haber tomado conciencia de un acto. Sentir culpa por sentirla, sirve de muy poco... Puede llegar a ser una herramienta que sólo sea utilizada para fustigar el alma. Y si es así, la culpa se quedó a medio camino de su misión... Gracias y bienvenida a 'Despierta tu mejor tú'. Un cordial saludo.

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