Querer las cosas como son, como vengan, como estén

Maribel Hernández

Esta vez -a modo de ensayo-, he solicitado a Maribel que fuera ella quien escribiera de su puño y letra una semblanza de su persona y no yo. Así rompemos el molde y damos aún más frescura a la entrevista...

Doy paso y voz a nuestra invitada:

Nací en Madrid en 1960 y he vivido siempre en esta ciudad. Estudié la Primaria y el Bachillerato en un colegio de religiosas dominicas del que salí a los 16 años para hacer COU en el Instituto Beatriz Galindo. De ahí a la Universidad Autónoma (UAM), en la que cursé estudios en Ciencias Químicas, obteniendo la Licenciatura en 1983. Casi a continuación hice un Master de un año de duración en Contaminación Ambiental por la Universidad Iberoamericana de Posgrado, que cursé en Madrid en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, que fue mi primer trabajo remunerado. Al poco tiempo vino un año de impasse en el que me dediqué a buscar empleo -hice múltiples entrevistas sobre todo en consultoras de informática. Seguía viviendo en casa de mis padres y mis ingresos procedían sólo de clases particulares de ciencias en general y matemáticas en particular, tanto a niños como a algún adulto que preparaba oposiciones. De esta época proviene mi afición a la didáctica: me encanta hacerle comprender a alguien materias que les resultaban arduas, fue una época de grandes satisfacciones, aunque esto lo comprendí sólo más tarde. Tras ello, en el año 1985 entré a trabajar de becaria predoctoral en AITEMIN, una asociación adscrista a la Escuela de Minas de Madrid, en la que trabajé tres años a cargo de una de sus líneas de la antigua CICYT (Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología). Allí trabajé tres años en explosiones de gases inducidas por descargas electrostáticas; ¡qué bien lo pasé!; joven y con ganas de aprender, tuve la suerte de trabajar con ingenieros de mi edad, que me enseñaron aspectos de la física, de lo cual adolece la enseñanza científica estricta. Al cabo de los tres años (desde el principio estaba establecido que mi contrato no iba a durar más de ese tiempo), leí la tesis doctoral en UAM, con la consabida nota de sobresaliente cum laude (todos los doctorandos la obtenían, lo cual dice poco bueno de este sistema de cosas). Obtuve un premio -con dotación económica aunque pequeña- a la mejor tesis doctoral en tecnología del carbón otorgado por la Real Academia de Doctores de España.

En el ínterin me había casado con un ingeniero de minas joven como yo y que había montado una pequeña empresa de ingeniería, satélite del IGME y en ella trabajé cuatro años hasta que me divorcié y estuvo claro que ya no podía permanecer allí más tiempo. Finalmente, en el año 1991 empecé a trabajar en una empresa de la administración en la que continúo trabajando a día de hoy, en la que realizo un trabajo de evaluación técnica de proyectos de diversos sectores industriales, que solicitan ayuda financiera al Estado.

Enrique: Sin más preámbulos vamos a entrar en materia Maribel, ¿qué significó ser mujer a primeros de los 80? y ¿qué significa serlo en el año 2013?

Maribel: Cuando tenía 20 años, allá por los años 80, empezábamos las mujeres en España a salir del ostracismo en el que se encontraban nuestras madres. Había una serie de roles emergentes que las más de nosotras estábamos dispuestas a asumir del mil amores, y que yo resumiría en tener que poder con todo, es decir, con los roles clásicos de hija, esposa y madre -todos precedidos de buena, por supuesto-, a saber, delgada, guapa, inteligente, independiente, profesional, etc. O sea, una sobrecarga fenomenal... Con tanta carga a la espalda, y la necesidad de ser "buena" en todo para ser aceptada, poco a poco fui dejando de respirar, de sentir y... de saber quién era yo de verdad y qué quería hacer con mi vida... y tuve que ponerme manos a la obra para "renacer de mis cenizas". Por eso, en cuanto al momento actual, sólo puedo verlo desde mi recorrido personal. Me explico: aunque parece que los roles (tanto del hombre como de la mujer) se van intersectando y diluyendo, creo que esto es solo en apariencia, y que las servidumbres para ambos sexos siguen incluso en aumento. Sin embargo, yo soy ahora 30 años mayor que aquélla chica que creía que tenía que poder con todo: a cada uno de mis personajes se les ha ido cayendo la careta, van siendo desvelados hasta casi esfumarse... De ahí que, desde hace ya algunos años, mi auténtica aspiración es convertirme en una verdadera persona, cada día un poco más buena... 

Enrique: Según tu criterio, ¿qué tres características pueden perfilar a una persona auténtica?

Maribel: La mayoría de las personas estamos funcionando encerradas en unos modos de ser que poco tienen que ver con nuestro ser verdadero; estos modos, que no son esencia, obedecen a patrones culturales rígidamente establecidos y que son transmitidos eficientemente por la familia en primera instancia, y por el resto de instituciones sociales, dando lugar en el individuo a creencias dispares y absurdas como: yo valgo mucho, o yo no valgo nada, yo soy listo o yo soy tonto, etc., dependiendo de dónde haya querido el azar que nazcamos. Pero en realidad -nuestra realidad- es la que es -no lo que hemos llegado a creer que es-, y está por descubrir. De fuera no nos viene nada sustancial, sólo hay condiciones más o menos favorables a que nuestro ser pueda expresarse.

Autenticidad se refiere a lo genuino y verdadero; a un desprenderse y liquidar esas creencias que hacemos nuestras sin darnos casi cuenta -somos pequeños e indefensos cuando empezan a machacarnos con el tú eres, tú debes, etc.-. La persona auténtica se coloca más allá de dichas creencias -todas ellas erróneas- y busca desarrollarse conforme a su propio ser -que sí es verdadero-. Es honesta, no viste caretas en función del escenario, quiere las cosas y las personas como son, busca conocerse a sí mismas, es sincera en sus actitudes, coherente -palabras y actos van de la mano-, es confiable y pone sus cualidades y aptitudes al servicio de los demás, de la vida, con miras e intereses que van más allá de lo individual.

Enrique: ¿Qué es para ti la aceptación, Maribel?

Maribel: Querer las cosas como son, como vengan, como estén...y no como yo pudiera querer que fueran. Para ello lógicamente, hay que abandonar la manipulación y las argucias, las trampas con las que queremos "someter la realidad" para convertirla en un traje a nuestra medida -mejor dicho, a la medida de lo que creemos que somos-, porque, si de verdad fuéramos nosotros -seres realizados-, querríamos las cosas como son. 

Enrique: Aceptar las cosas como son, como vengan, como estén..., ¿qué te resulta lo más difícil, lo que se te hace más cuesta arriba "de querer"?

Maribel: Pues precisamente la aceptación de las personas y de los hechos tal y como son... y el amor incondicional...

Enrique: Aceptar a los demás no es sencillo, se ofrece mucha resistencia a ello ¿qué estrategias planteas para llevar a cabo este fin?

Maribel: Para mí, a aceptar se llega; es un logro que requiere recorrer un camino, no como para algunas personas, que todos nos hemos encontrado alguna vez en la vida que parecen haber nacido ya bien diseñadas y a las que no parece costarles ningún trabajo SER, sencillamente...

Según mi experiencia personal, este camino -el de la aceptación- tiene varias vertientes. Por un lado, la de desaprender las creencias que nos impone la cultura -al menos la occidental de la que yo soy hija- según la cual YO se opone a el OTRO, y esa oposición se resuelve en lucha (extranjero-extraño-enemigo) y a ver quién resulta vencedor... ¡Cuánto daño hacen la "cultura" y la familia en este sentido!.

Sin embargo, esta forma de proceder que me fue enseñada y que yo introvertí como buena, no me conducía más que a sinsabores e ineficacias en mis relaciones interpersonales y de mí con el mundo y, hace ya tiempo vi -gracias en parte a ti Enrique, a quien conocí por casualidad y que me mostraste vías para re-andar el camino- que el enfoque que me hacía más feliz no era la contraposición sino la conjunción con el OTRO, ya que somos mucho más parecidos que diferentes: necesitamos sol, agua, aire, alimento, abrigo... querer y ser queridos (el llanto del mundo es amor, dice Hilario Camacho).

Y aquí se llega a la principal característica personal que ayuda a la aceptación: la empatía, que me permite considerar al otro mi IGUAL en un sentido humano, casi biológico del término: si es de mi misma especie, es como yo de alguna manera. Si sus actos son distintos de los míos será porque tiene otros motivos ¿cuáles serán éstos?, ¿podría yo llegar a comportarme como él?... incluso puede que ya lo esté haciendo y no me esté dando cuenta...

Darse cuenta de cómo estamos funcionando es otra cuestión insoslayable (¡cuánto he aprendido sobre esto gracias a los textos de Antonio Blay!), ejercitando una atención activa verdadera, que es casi física cuando se hace bien -salgo de mí y voy hacia ti-. Para llegar a aceptar a los demás, hemos de aceptarnos nosostros primero, dejando caer todos los fardos-creencias con los que cargamos y que nos abocan a un "tú debes", un espíritu de la pesadez, del que es preciso deshacerse para que aflore nuestra verdadera naturaleza y andar la vida con pies ligeros...

Además, hay una pregunta irresistible: ¿cómo podría yo ser aceptado si no acepto yo primero? Y ese es el verdadero concepto de "yo primero"... Por lo tanto, la humildad es una compañía indispensable para la aceptación.

Enrique: Ahora, Maribel, lo que toca son cinco cuestiones muy breves..., sólo te pido que no pienses mucho la respuesta:

Una manía...

Maribel: No parar hasta convencer al otro de que mis razones son "la razón", pero no por el camino de la persuasión, sino por el de dejarle sin salida...

Enrique: Una frustración...

Maribel: Siento el mordisco de la frustración frente a un abuso, una injusticia...

Enrique: Una película...

Maribel: 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick).

Enrique: Un libro...

Maribel: Siddharta (Hermann Hesse)

Enrique: Un hito histórico...

Maribel: ¡La invención de la lavadora automática!

Enrique: Gracias Maribel por la lucidez que encierran tus reflexiones, que estoy convencido son y serán de ayuda a muchos de los lectores y lectoras de esta página, así como por tu disposición incondicional al proyecto "Despierta tu mejor tú".  

Maribel: Estoy muy contenta del ejercicio de franqueza que me ha supuesto, y de haber podido expresar con mis propias palabras -de haber hecho míos después de tantas lecturas- todos los conceptos. Muchas gracias de nuevo por tu confianza.

 

Maribel ha citado a Hilario Camacho en su entrevista: ¡Cuánto tiempo sin escuchar la música y las letras de este genial cantautor! Un artista que permaneció fiel a sí mismo hasta el final, que impregnó toda su obra de un talento musical y poético único... Por ello, desde aquí queremos mostrar nuestro reconocimiento y admiración a Hilario escuchando una de sus canciones: "La Clave Secreta".

Letra:

Si bien la verdad / siempre fue discutida, / maltratada y herida / por la fe o la razón. 

Nuestra identidad, / transparente y fluida / permanece escondida, / en el corazón.

Yo quiero creer / pero también quiero saber, / yo quiero sentir / quiero crear, quiero vivir. 

Encontrar esa clave secreta / que lleva hasta el alma, / escuchar esa voz interior / y saber quién soy yo [estribillo].

 

La vida es el tiempo / que fluye en mis venas, / libertad y condena, / la vida es amor. 

La vida es el precio, / la vida es tristeza, / es misterio y belleza, / la vida es dolor.

Yo quiero aceptar / pero también quiero dudar, / yo quiero creer / pero también quiero saber.

Encontrar esa clave secreta / que lleva hasta el alma, / escuchar esa voz interior / y saber quién soy yo [estribillo].

 

El cantautor habla así de "Los cambios" que realizó en trece de sus mejores canciones de su último disco "Una mirada diferente":

<<Es curioso cómo en la vida lo único invariable es el cambio. Las cosas fluyen continuamente en diferentes direcciones dentro y fuera de nosostros y, a pesar de todo, seguimos siendo los mismos en lo que se refiere a nuestra esencia. A veces son inevitables, en otras ocasiones corresponden a decisiones tomadas libremente por nosotros mismos y siempre nos ayudan a evolucionar...>>. (www.hilariocamacho.com)

¡Gracias Hilario!

 

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